Victoria

Nací unicelular, y así me quedé. Ameba en continuo proceso de alimentación, arquitecta de mundos en precario equilibrio. Suelo decir que soy una nariz grande que me limita la visión, tensión subcutánea, vacío periodontal, tiburón de mantequilla. Que no tengo nombre, ni cuerpo, ni cerebro, ni sangre; pero no es cierto. En realidad soy un microorganismo que se refugia en las barreras para mirar sin ser visto, un híbrido entre libro abierto y persona sin huellas. Caverna, pájaros y vísceras.

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